- ¿Por qué bebes tanto? -me preguntó.
- Quizás porque tengo miedo -dije.
- Yo también tengo miedo y no bebo.
- Tu miedo y el mío son distintos.
- No sé qué decirte -replicó.
- Con los años, aumenta el número de cosas irreparables.
- También aumenta el cansancio, ¿verdad?
- Sí -contesté-. El cansancio también.
Se volvió hacia mí, alargó la mano y me tocó el lóbulo de la oreja.
- Tranquilo. No te preocupes. Yo estaré a tu lado.
- Gracias -dije yo.
