La risa es el gran antídoto contra los venenos del espíritu.

04 décembre 2011

Toco tu boca


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí, para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender, coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca, y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos, el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar

19 novembre 2011

You store my star



Érase una vez alguien que corrió, alguien que se escapó diciendo tan rápido como pudo; Me tengo que ir...Érase una vez nos desatamos y tu te quedaste aguantando en las manos las dos mitades de mi corazon. Érase una vez un mundo donde nosotros no teníamos razón, todo lo que pareciamos hacer era pelear, pelear y pelear. Erase una vez un tiempo en el que estuvimos en el mismo lado, en el mismo juego, Porque te tienes que ir echandome todo en la cara? Yo podría haber sido la princesa, tu podrias haber sido el rey, Podríamos haber tenido un castillo y puesto un anillo, pero no, me dejaste ir, Robaste mi estrela...pero de verdad me dañaste, oh de verdad me dañaste tanto.

Coldplay & Rihanna-
Princess of china

18 novembre 2011

Uno más del montón




Todavía no logro entender como hay personas pendientes de la vida de los demás, tratando de buscar la miseria en el otro, sin fijarse en lo que es uno mismo.. Puedo entender que todos tengamos diferentes personalidades, hasta incluso no soy la nosé si soy la más indicada en hablar de estos temas, tengo la tendencia de muchas veces criticar, pero la diferencia es lógica, se de mis errores, de fijarme lo que soy y después hablar claramente, todos tenemos defectos, todos decimos, mentimos, exageramos.. hasta incluso tratamos de hacernos las victimas en algún tipo de situación, pero.. Ninguno de nosotros tiene la verdad. ¿Entonces para que hablar sin antes saber? Para que hacerlo, si con solo abrir la boca en donde no debes te convierte para mi, en uno mas de todo ese montón que detesto..?

17 novembre 2011

J'ai mordu l'hameçon encore une fois


 


Necesitaba un descanso. Evadirme un tiempo para olvidar todo lo ocurrido. Olvidarle a él y a ella. Pero sobre todo a él, que había abusado de mi confianza, me había destrozado y utilizado para satisfacer su sed y luego me había abandonado como a una pobre ilusa.

Me había engañado creyendo que algo podía salir de aquella relación. Creyendo que él la había olvidado y que el hecho de que permaneciera a mi lado era razón suficiente para saber que me quería con locura; para saber que el único "te quiero" de verdad lo había sentido y para pensar que le había importado más de lo que yo creía.

Pero me equivoque. Me equivoqué en todo. Le creí y me engañé a mí misma. Me dejé llevar por su encanto masculino, por sus caricias, por aquellos besos sin compromiso y  ese mar de sensaciones que hacia nacer en mí cada vez que me encontraba entre sus brazos.  Su bella sonrisa, sus dichosos y bellos ojos. Todo de él me encantaba. Pero no podía estar más equivocada.

Y así estaba yo: encerrada entre cuatro paredes, sufriendo en silencio a sabiendas que él estaba con ella. Porque ella le había dado una segunda oportunidad  al volver a su lado y él no había dudado en dejarme; abandonarme como a un viejo trapo sucio e irse corriendo a sus brazos. Me resignaba a pensar que mientras yo me pasaba las horas llorando y recordando momentos a su lado, él disfrutaba de su día junto a ella.

Me despreciaba a mi misma por haber creído que en verdad esa miserable palabra dicha "amor" existía, cuando el amor no existe.  Yo tenía razón antes de haberle conocido y me había equivocado creyendo que a su lado lo había encontrado, cuando todo lo que tenía era una farsa. No era amor verdadero...

Me había dejado llevar por la emoción de que alguien me correspondiese. Pero el amor no es verdad, no existe, nunca existió y nunca lo hará. Quien crea que el amor es sinónimo de felicidad, lo tendrá bien difícil al darse cuenta de la realidad.

Definitivamente, no merecía todo lo que estaba sucediendo. Tampoco merecía que yo derramase más lágrimas de las que ya había derramado por él, por su maldito engaño.  Asi que con la cabeza bien alta me levanté de la cama. Tenía que hacer algo; debía enfrentarme a la realidad, borrar cualquier recuerdo que quedase y cualquier rastro que pudiera recordarme su rostro.

Me puse mi mejor vestido y salí de casa.

Me dirigí al bar de al lado, en donde se celebraba su cumpleaños y, con una sonrisa bien grande dibujada en mi rostro, entre allí dentro.

Después de haber saludado a los presentes, me limité a sentarme en la barra pidiendo un vaso de whisky. Lo bebí lentamente, mientras recorría la sala con los ojos. Sentí su mirada clavada en mí y en aquel instante supe que no se esperaba que me apareciese allí. Quizás esperara que yo estuviera llorando y deprimida en mi habitación como, debía admitir, había estado minutos atrás. Pero no le iba a dar ese gusto. Me giré y lo miré también; nuestros ojos se encontraron. Sin dudarlo, le sonreí en modo de saludo y moví mi vaso de whisky en forma de brindis hacía él.

Aparté la mirada.

Estaba orgullosa de mí. Tenía que darse cuenta de lo que había dejado ir por una rubia tonta como aquella. Tenía que demostrarle que era capaz de seguir con mi vida normal. Él no me merecía y de eso estaba segura.

De pronto, un sentimiento de alivio inundó mi mente, haciéndome sentir mejor.  Ahora sí, le daba las gracias por abrirme los ojos. Definitivamente, ya no iba a caer en el juego de nadie.

Sin más me levanté: me puse a bailar y a disfrutar del momento. Porque la vida es solo una y hay que aprovecharla.

15 novembre 2011

La mejor compañia




Las personas pueden cambiar muchas veces de estado de humor, ya sea por el tiempo, por problemas, por lo que sea, y verdaderamente nos damos cuenta de ello cuando alguien cercano sufre y no podemos hacer nada, es ahí cuando nos sentimos inútiles, inservibles… queremos ayudarlo pero… ¿cómo hacerlo sin hacerle daño?; ¿cómo hacerlo sin saber qué decir o qué hacer?
¿Qué hacemos cuando el que siempre nos ayuda y tiene respuestas para todo no las tiene? ¿Qué hacemos? No podemos ayudar a alguien si no nos deja ayudarlo... Solo nos queda estar a su lado para que sepa que pase lo que pase siempre podrá contar con nosotros.

14 novembre 2011

Suspiros




Como cada tarde, me dirigí hacia el lugar donde sabia que ella estaría, en donde podría verla una vez más, contemplarla un día más. Por más que no pudiera hablar con ella, me bastaba con tan solo observarla caminar desde lejos.

Al llegar, saqué un cigarro de mi bolsillo y lo abrí, para luego apoyarme en el muro que había a mi lado. Levanté la mirada hacia el cielo, esperando a que los minutos pasaran y llegara el momento de verla. Estaba muy impaciente porque quería que ella apareciese. Tenía unas ganas enormes de verla de nuevo, a sabiendas de que si ella lo hubiera sabido, me hubiera tomado por algún estúpido acosador o psicópata, aunque poco me importaba.

Mire mi reloj por pura intuición y giré la mirada enseguida hacia la puerta de aquel edificio y la vi.  Ahí estaba con una gran sonrisa en los labios, despidiéndose de sus compañeros mientras, entre risas, cruzaba la calle. Yo me limité a observarla pasar en silencio, como siempre, como cuando ves pasar un autobús que no es el que te llevará a casa. Aún así imaginé a donde me llevaría ella; los mejores viajes son los que no tienen rumbo, ni destino, ni duración media. Sin tasas, ni fecha de vuelta.

Su castaño cabello caía en bellas ondulaciones por sus hombros. Me volvía loco con tan sólo existir; podía hasta imaginar lo que sería poder tocarla, poder oler su perfume, acariciarla, sentirla... Besarla de nuevo. Pero seamos realistas, eso tan solo pasará en mis más profundos sueños.

Ella pasó y yo seguía clavado en mi sitio como he hecho siempre, a veces más animado y otras pensando demasiado. Lleno de energía y expectación acompañada de certeza, sabiendo que si podía sonreír sin reparo, era porque no estaba siendo sincero conmigo mismo.

Seguía con la mirada fija en su bello rostro mientras ella seguía avanzando. Me hubiera gustado que esa sonrisa fuese dedicada a mí, que aquellos ojos azules como el cielo mismo, me dedicaran aunque fuese una simple mirada, y que en sus más profundos sentimientos sintiese algo por este pobre hombre destrozado.

Dándole vueltas a todo, vueltas y vueltas... meditando, analizando y volviendo a sopesar cada posibilidad; cada sacrificio y recompensa, cada esperanza tapando la realidad y cada quimera enmascarando el fracaso.

Hubiera podido acercarme a ella, intentar hablarle, preguntarle como le estaba yendo todo, pero tenia miedo de ser rechazado. Me aterraba la idea de que ya no quisiese saber nada de mí y que me mirara como a un desconocido estúpido o pensara que estaba ebrio. Lo que más me hubiera dolido hubiera sido una mirada de desprecio suya. Así que prefería mil veces quedarme ahí y observarla discretamente.

¿Qué mejor momento que el ayer del que arrepentirse? De querer corregir. No hay manera de volver atrás ni cambiar nada: así vivimos tranquilamente infelices, conformes y vacíos.

Cada segundo, minuto que pasaba, ella seguía alejándose más y cada vez más.  Yo permanecía ahí, clavado en el suelo, suspirando de vez en cuando; aguantando las ganas de echarme a correr y de cogerla entre mis brazos de decirle lo mucho que sentía haberla engañado. Decirle lo que sentía por ella y lo que me provocaba el hecho de que me ignorara de aquella forma.

Pero no me moví de mi sitio y nada de eso pasó. Ella se alejó hasta el punto de que ya no estuviera a la vista de mis ojos, algo que me derrumbó por completo. Un día más en el que tan solo la veía pasar.

Después de un interminable suspiro, me recosté sobre el suelo. Otra vez pensando, meditando sobre todo y nada. Consciente de lo que estaba pasando, me dije;

A partir de ahora, Destino, si tú prometes darme una oportunidad, yo prometo aprovecharla.

13 novembre 2011

Locura



Escribí y escribí durante horas hasta que los músculos de la mano ardieron, calentando la frialdad de las palabras con las que manché la pureza del papel. Leí, devorando páginas, capítulos, tomos, libros y autores. Buscaba desesperadamente una cura a la demencia que una vez más su ausencia me había inoculado, desesperada como quien se ahoga y nada hacia la superficie aún sabiendo que no lo conseguirá. No supe qué decir, siempre supe que decir excepto cuando tuve que hacerlo. Y ahora aqui estoy, arepentida, recordando y recordando, echando de menos aquellos besos, aquellas caricias, Todo. Absolutamente Todo. A su vez buscando una cura a esa locura a la que me habia sometido, pero desgraciadamente no la encontraba, no habia ninguna. Pero al fin y al cabo...

This is life, or something like it.

12 novembre 2011

Distancia




Quisiera que te quedaras para siempre conmigo. Quisiera que la distancia no se interpusiese entre nosotros, que el amor fuese más grande y más fuerte que la distancia y el olvido.

Quisiera que siempre me dijeses lo mucho que me amases y que me acaricies como lo solías hacer. En aquellos tiempos, aquellos tiempos de felicidad, de amor, de pasión, de lujuria. Me gustaría que nunca te tuvieses que separar de mi, que si fuese el caso, escaparnos y fuesesemos hasta el fin del mundo,si hiciera falta, pero juntos. Sin importarnos en nada más que en el amor que sentíamos el uno por el otro.

Tu y yo.

Solos.

Siempre que me miraba, veía tanto amor en sus ojos, tanta sinceridad, dulzura, tenía tanto por dar, tanto que decirle al mundo. Cada vez que me decía esas mágicas palabras "te amo", me hacías ser la mujer mas feliz del mundo, la princesa de un lindo sueño sin fin. Cada momento que pasaba a tu lado era tan único y deseaba que nunca terminase, que te fueses a quedar conmigo para siempre. Hasta el fin de los días, como un día prometimos serlo.

El frió viento de aquella tarde de primavera rozó mi piel suavemente haciendo que un escalofrió me recorriera, sacándome de mis pensamientos y recuerdos. Me froté las manos en un intento de entrar en calor, mientras miraba hacía el más allá del océano, perdiéndome en sus profundidades.

Pero volvía a pensar en el volvía a pensar de que lo que yo más deseaba  no podía ser, teníamos que estar separados, tenías que irte a la guerra, tenías que hacerlo. No quería que te fueses, no quería que arriesgase su vida y que fuese herido, eso no lo podría soportar. Soportaba la distancia y el tiempo alejados, pero no el dolor, no el dolor de saber que podrías herirte y de saber aue no podria volver a verte. Pero yo no podía impedirlo.

No podía retenerte.

Pero así era la vida, tan cruel, tan triste. Antes de que él llegara en ella, todo se veía tan triste, tan apagado. Pero cuando le conocí todo tomó un color diferente, el color de la esperanza, un color que me gustó y que me hacía sentir bien.

Él lo dijo, era un camino largo y oscuro que teníamos que recorrer para estar juntos, un camino con rallos soleados y que al fondo estaría él siempre., con una sonrisa dibujada. Pero parece ser que se abrió otro camino con lluvia pero al fondo se veía un poco de sol, pero no estaría él...

No quería que nos separásemos, pero la vida siempre había sido así de injusta conmigo y no importaba el amor que yo sintiese por el, o las ganas enormes que tenía de volverlo a ver, siempre tenía que haber algo que nos separase. Y eso me daba miedo no quería que la distancia pusiera fin a lo que tanto se había construido entre nosotros, no quería perderle. Prometimos vernos, en un futuro tal vez lejano, pero vernos, y yo le pienso esperar, no importa cuanto tiempo tarde, pienso esperarle hasta que la guerra acabe y el regrese a casa. Hasta asegurarme de que al menos esta con vida.

Pero pasaron los años y no volví a saber nada de él. Me sentía sola y todo volvía a ser como antes de que apareciese. No había recibido noticias de su parte, ni una simple carta o una respuesta a las tantas que yo le había enviado.

¿Me había olvidado?

Cerré los ojos cuestionándome una y otra vez esa pregunta, y preparando miles de respuestas que pudieran animarme a seguir. Pero ninguna me parecía lo suficiente cierta.

 Lo que tanto temía parecía haberse hecho realidad, el olvido había sido más fuerte que nuestro amor. Todo por lo que habíamos luchado parecía haber sido en vano.

Lo peor de todo era no poder ni siquiera saber si al menos seguía con vida. No quería ni siquiera pensarlo, pero me costaba, no sabía donde se encontraba, ni cuando vendría, sólo sabia que le echaba de menos, que echaba de menos su cariño, su dulce sonrisa, despertar todas las mañanas y verle junto a mi.

Aún mantenía su recuerdo del último día en que nos vimos, como si de ayer se tratase.

Miré como un barco de los tantos que había en el puerto partía, en una nueva dirección, baje la mirada entristecida. Sabia que no era posible, que lo que yo esperaba no iba a estar ahí, como cada vez que iba, me ilusionaba para nada. Pero esta vez era la última vez que vendría. Ya no servía de nada, ya había perdido la esperanza, ella ya falleció hace bastante tiempo, y por mas que me empeñara, no iba a hacerse realidad él no iba a volver.

Escuché los pasos de alguien acercarse y me giré por puro instinto, y al hacerlo vislumbre la silueta   de un hombre, con un gran maleta en las manos, y montones de cartas en sus manos. Esbozó una gran sonrisa, mientras se retiraba el gorro y lo tiraba  a un lado.  No podía creerme lo que mis ojos veían, era él, había vuelto, había conseguido venir a salvo y sano.

-Te he echado tanto de menos -Dijo mientras venia corriendo hacia mi. Mi corazón empezó a latir tan rápido que pensé que se saldría y mis ojos se amontonaron con lagrimas que pedían salir a gritos. Al llegar en frente de mi, se quedó quieto observándome de arriba abajo sonriente y me rodeo con los brazos, despegándome del suelo, para darme una vuelta al aire y volver a dejarme al suelo. Lo estreche junto a mi tan fuerte, que sentí mi respiración acelerarse con el paso. No podía creérmelo, lo tenía junto a mi, entre mis brazos..

Las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro. Mientras lo estrechaba aún más fuerte entre mis brazos al igual que lo hacía él.

Era él, había vuelvo, había venido a buscarme.

10 novembre 2011

Odio



Odio todo esto, toda esta puta situacion, esta confusion de no saber como actuar. Odio que todo se haya acabado, aunque sea por ahora. Odio tener que graparme la esperanza, ya que ni me queda. Odio dibujarme una sonrisa, prefiero sonreir de verdad. Odio quedarme asi, sin ilusion, sin saber si podra ser o no. Odio no tenerte, Te odio, a veces, por el simple hecho de no poder sacarte de mi cabeza, de que me importes.

09 novembre 2011

Apagón




Necesitaba despejarme. Estar sola y pensar; reflexionar sobre todo lo que estaba pasando a mi alrededor y qué mejor que una tarde de verano a orillas del mar, donde podía encontrar la tranquilidad que todo ser humano desea. Escuchar la olas del mar, mientras hundido en los pensamientos te dejas llevar por aquella sensación de tranquilidad, de eterna soledad.

Caminé indecisa donde la podría sentir, hasta que la ví tendida en la arena, a varios metros de la orilla. Me acerqué a ella sin dudarlo, arrodillándome a su lado, poniéndome en su sitio. Tan lejos, tan sola... sobre una superficie hostil y ajena a su naturaleza. La miré durante unos segundos y luego, al cielo arder, relucir en llamas. El monstruoso color de un atardecer que daba otro día por acabado.

Volví a mirar hacia ella y la sentí morir por segundos; me ahogué con ella. Sentí el último aliento de cada una de sus células y su cuerpo marchitándose por la deshidratación. De pronto, un sordo sonido a líquido y a espuma cobró vida; pero tan repentinamente como apareció, se fue dejándome sola. Una ola. La promesa de una vida llena de magia y futuro a escasa distancia, pero inalcanzable. Cada una de nuestras rugosidades, cada centímetro de nuestra piel, se estremeció de anhelo.

Respiré salitre; el calor de los últimos rayos de sol que había me iluminó el rostro lentamente, provocando* ese suave ardor en mis mejillas. Volví a abrir los ojos para ver cómo, poco a poco, el amarillo se tornó naranja y éste, a su vez, en marrón. Y para luego darme cuenta de que el marrón de la arena mojada, cada vez más oscuro y frío, auguraba nuestro fin.

Ella desapareció por completo, cerrando lentamente su ojo de luz hasta dejarnos casi a oscuras. Estábamos al amparo del resplandor de unas tímidas estrellas, que brillaban con toda la intensidad del mundo.
Nos acompañaron durante esos instantes de angustia. En donde miles de pensamientos pasaron por mi cabeza, como las aves que huyen con el comienzo de otoño; pensamientos que ni llegue a retener, reflexiones sobre la vida, sobre aquel extraño momento, sobre todo.

Tiritamos. Cada sutil y casi imperceptible sacudida nos acercaba más a la rendición. Entorné los ojos una vez más.  Ya no tenía nada más que hacer allí, así que acercándome más a ella le susurré:

 — Adiós, pequeña.

Lo último que debió de sentir mi estrella fueron unos tristes pasos alejarse lentamente en la tenue oscuridad. Me fui con la mirada fija en el suelo, sin mirar hacia atrás. Pensando en las tantas cosas sobre las cuales antes trataba de reflexionar y ahora me parecían tan estúpidas, incluso algo insignificantes. Sin sentido. Innecesarias para sobrevivir.

Al cernirse la noche, se apagó y voló hacia sus hermanas. Para volver a brillar con más fuerza que antes.

05 novembre 2011

No olvides



Me gustaría simplemente decirte que el recuerdo de tu cara y tu sonrisa siempre permanecerán a mi lado a lo largo de mi camino. Decirte que fue real, todo lo dicho, todo lo hecho.. que no fue de mentira, que fue bonito. Pero sobre todo, que nunca hay que arrepentirse de lo sucedido, aunque duela, siempre es ganado; Todos es momentos, esas mañanas pasadas. 
Voy a decirte que no hay que llorar, no hay nada que negarse, y todo lo que no perdimos, valió la pena después de todo. Puede que nos volvamos a ver. Puede que sí, puede que no. Pero quiero que sepas que aquí abajo, siempre estaré. Será como una luz que te aguantará caliente en el invierno, un pequeño fuego tuyo que nunca se apagá...