Necesitaba un descanso. Evadirme un tiempo para olvidar todo lo ocurrido. Olvidarle a él y a ella. Pero sobre todo a él, que había abusado de mi confianza, me había destrozado y utilizado para satisfacer su sed y luego me había abandonado como a una pobre ilusa.
Me había engañado creyendo que algo podía salir de aquella relación. Creyendo que él la había olvidado y que el hecho de que permaneciera a mi lado era razón suficiente para saber que me quería con locura; para saber que el único "te quiero" de verdad lo había sentido y para pensar que le había importado más de lo que yo creía.
Pero me equivoque. Me equivoqué en todo. Le creí y me engañé a mí misma. Me dejé llevar por su encanto masculino, por sus caricias, por aquellos besos sin compromiso y ese mar de sensaciones que hacia nacer en mí cada vez que me encontraba entre sus brazos. Su bella sonrisa, sus dichosos y bellos ojos. Todo de él me encantaba. Pero no podía estar más equivocada.
Y así estaba yo: encerrada entre cuatro paredes, sufriendo en silencio a sabiendas que él estaba con ella. Porque ella le había dado una segunda oportunidad al volver a su lado y él no había dudado en dejarme; abandonarme como a un viejo trapo sucio e irse corriendo a sus brazos. Me resignaba a pensar que mientras yo me pasaba las horas llorando y recordando momentos a su lado, él disfrutaba de su día junto a ella.
Me despreciaba a mi misma por haber creído que en verdad esa miserable palabra dicha "amor" existía, cuando el amor no existe. Yo tenía razón antes de haberle conocido y me había equivocado creyendo que a su lado lo había encontrado, cuando todo lo que tenía era una farsa. No era amor verdadero...
Me había dejado llevar por la emoción de que alguien me correspondiese. Pero el amor no es verdad, no existe, nunca existió y nunca lo hará. Quien crea que el amor es sinónimo de felicidad, lo tendrá bien difícil al darse cuenta de la realidad.
Definitivamente, no merecía todo lo que estaba sucediendo. Tampoco merecía que yo derramase más lágrimas de las que ya había derramado por él, por su maldito engaño. Asi que con la cabeza bien alta me levanté de la cama. Tenía que hacer algo; debía enfrentarme a la realidad, borrar cualquier recuerdo que quedase y cualquier rastro que pudiera recordarme su rostro.
Me puse mi mejor vestido y salí de casa.
Me dirigí al bar de al lado, en donde se celebraba su cumpleaños y, con una sonrisa bien grande dibujada en mi rostro, entre allí dentro.
Después de haber saludado a los presentes, me limité a sentarme en la barra pidiendo un vaso de whisky. Lo bebí lentamente, mientras recorría la sala con los ojos. Sentí su mirada clavada en mí y en aquel instante supe que no se esperaba que me apareciese allí. Quizás esperara que yo estuviera llorando y deprimida en mi habitación como, debía admitir, había estado minutos atrás. Pero no le iba a dar ese gusto. Me giré y lo miré también; nuestros ojos se encontraron. Sin dudarlo, le sonreí en modo de saludo y moví mi vaso de whisky en forma de brindis hacía él.
Aparté la mirada.
Estaba orgullosa de mí. Tenía que darse cuenta de lo que había dejado ir por una rubia tonta como aquella. Tenía que demostrarle que era capaz de seguir con mi vida normal. Él no me merecía y de eso estaba segura.
De pronto, un sentimiento de alivio inundó mi mente, haciéndome sentir mejor. Ahora sí, le daba las gracias por abrirme los ojos. Definitivamente, ya no iba a caer en el juego de nadie.
Sin más me levanté: me puse a bailar y a disfrutar del momento. Porque la vida es solo una y hay que aprovecharla.
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire