Quisiera que te quedaras para siempre conmigo. Quisiera que la distancia no se interpusiese entre nosotros, que el amor fuese más grande y más fuerte que la distancia y el olvido.
Quisiera que siempre me dijeses lo mucho que me amases y que me acaricies como lo solías hacer. En aquellos tiempos, aquellos tiempos de felicidad, de amor, de pasión, de lujuria. Me gustaría que nunca te tuvieses que separar de mi, que si fuese el caso, escaparnos y fuesesemos hasta el fin del mundo,si hiciera falta, pero juntos. Sin importarnos en nada más que en el amor que sentíamos el uno por el otro.
Tu y yo.
Solos.
Siempre que me miraba, veía tanto amor en sus ojos, tanta sinceridad, dulzura, tenía tanto por dar, tanto que decirle al mundo. Cada vez que me decía esas mágicas palabras "te amo", me hacías ser la mujer mas feliz del mundo, la princesa de un lindo sueño sin fin. Cada momento que pasaba a tu lado era tan único y deseaba que nunca terminase, que te fueses a quedar conmigo para siempre. Hasta el fin de los días, como un día prometimos serlo.
El frió viento de aquella tarde de primavera rozó mi piel suavemente haciendo que un escalofrió me recorriera, sacándome de mis pensamientos y recuerdos. Me froté las manos en un intento de entrar en calor, mientras miraba hacía el más allá del océano, perdiéndome en sus profundidades.
Pero volvía a pensar en el volvía a pensar de que lo que yo más deseaba no podía ser, teníamos que estar separados, tenías que irte a la guerra, tenías que hacerlo. No quería que te fueses, no quería que arriesgase su vida y que fuese herido, eso no lo podría soportar. Soportaba la distancia y el tiempo alejados, pero no el dolor, no el dolor de saber que podrías herirte y de saber aue no podria volver a verte. Pero yo no podía impedirlo.
No podía retenerte.
Pero así era la vida, tan cruel, tan triste. Antes de que él llegara en ella, todo se veía tan triste, tan apagado. Pero cuando le conocí todo tomó un color diferente, el color de la esperanza, un color que me gustó y que me hacía sentir bien.
Él lo dijo, era un camino largo y oscuro que teníamos que recorrer para estar juntos, un camino con rallos soleados y que al fondo estaría él siempre., con una sonrisa dibujada. Pero parece ser que se abrió otro camino con lluvia pero al fondo se veía un poco de sol, pero no estaría él...
No quería que nos separásemos, pero la vida siempre había sido así de injusta conmigo y no importaba el amor que yo sintiese por el, o las ganas enormes que tenía de volverlo a ver, siempre tenía que haber algo que nos separase. Y eso me daba miedo no quería que la distancia pusiera fin a lo que tanto se había construido entre nosotros, no quería perderle. Prometimos vernos, en un futuro tal vez lejano, pero vernos, y yo le pienso esperar, no importa cuanto tiempo tarde, pienso esperarle hasta que la guerra acabe y el regrese a casa. Hasta asegurarme de que al menos esta con vida.
Pero pasaron los años y no volví a saber nada de él. Me sentía sola y todo volvía a ser como antes de que apareciese. No había recibido noticias de su parte, ni una simple carta o una respuesta a las tantas que yo le había enviado.
¿Me había olvidado?
Cerré los ojos cuestionándome una y otra vez esa pregunta, y preparando miles de respuestas que pudieran animarme a seguir. Pero ninguna me parecía lo suficiente cierta.
Lo que tanto temía parecía haberse hecho realidad, el olvido había sido más fuerte que nuestro amor. Todo por lo que habíamos luchado parecía haber sido en vano.
Lo peor de todo era no poder ni siquiera saber si al menos seguía con vida. No quería ni siquiera pensarlo, pero me costaba, no sabía donde se encontraba, ni cuando vendría, sólo sabia que le echaba de menos, que echaba de menos su cariño, su dulce sonrisa, despertar todas las mañanas y verle junto a mi.
Aún mantenía su recuerdo del último día en que nos vimos, como si de ayer se tratase.
Miré como un barco de los tantos que había en el puerto partía, en una nueva dirección, baje la mirada entristecida. Sabia que no era posible, que lo que yo esperaba no iba a estar ahí, como cada vez que iba, me ilusionaba para nada. Pero esta vez era la última vez que vendría. Ya no servía de nada, ya había perdido la esperanza, ella ya falleció hace bastante tiempo, y por mas que me empeñara, no iba a hacerse realidad él no iba a volver.
Escuché los pasos de alguien acercarse y me giré por puro instinto, y al hacerlo vislumbre la silueta de un hombre, con un gran maleta en las manos, y montones de cartas en sus manos. Esbozó una gran sonrisa, mientras se retiraba el gorro y lo tiraba a un lado. No podía creerme lo que mis ojos veían, era él, había vuelto, había conseguido venir a salvo y sano.
-Te he echado tanto de menos -Dijo mientras venia corriendo hacia mi. Mi corazón empezó a latir tan rápido que pensé que se saldría y mis ojos se amontonaron con lagrimas que pedían salir a gritos. Al llegar en frente de mi, se quedó quieto observándome de arriba abajo sonriente y me rodeo con los brazos, despegándome del suelo, para darme una vuelta al aire y volver a dejarme al suelo. Lo estreche junto a mi tan fuerte, que sentí mi respiración acelerarse con el paso. No podía creérmelo, lo tenía junto a mi, entre mis brazos..
Las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro. Mientras lo estrechaba aún más fuerte entre mis brazos al igual que lo hacía él.
Era él, había vuelvo, había venido a buscarme.